Si pasaste la vida siendo oportunista,
mal compañero,
ciego de conciencia,
buscando siempre sacar ventaja de cualquier circunstancia,
no esperes que ahora la vida te abrace con ternura.
Porque el daño hecho con plena conciencia
es más hondo que el del inconsciente:
tú elegiste ser un desconsiderado.
No vengas ahora a decir que eres una víctima.
De ninguna situación.
Porque hubo un momento,
en que tus pares te advirtieron que tu vida,
cargada de provechos ajenos,
te estaba dejando vacío,
sin contenido ni raíz.
Cuando uno es una mierda inconsciente,
siempre tropiezas con personas como tu,
con sombras que se te parecen,
porque buscas en ellas tu reflejo. Lo irónico,
es que tu te quejas de ese tipo de personas.
Pero sorpresa:
eso eres tú.
Un pedazo de cartón mojado,
torcido,
sin fuerza ni forma.
Es simple:
mientras más busques compañía desde la carencia,
desde el vacío,
más mierda vas a encontrar.
Tus patrones son tan básicos,
tan pobres,
tan materialistas,
que lo verdadero siempre llega al final,
cuando ya estás desbordado de banalidades,
y ahí aparece tu hueco,
tu hueco de afecto.
“Oh, ¿nunca me amaron?”, preguntas.
No.
Nunca te amaron.
Querían la idea de ti,
la ilusión de tu imagen,
esa que se derrumba
cuando te conocen y ven
que estás atrapado en tu cabeza,
calculando tu próximo beneficio.
Mi mejor consejo es este:
– Reflexiona sobre todo lo que nunca hiciste –
Y aprende, por fin, a vivir por ti mismo,
sin manipulaciones, excusas o victimización.
Tengo la curiosidad de
ver cómo la vida —justa y sabia—
Te escupe en la cara,
la misma que usaste para convencer y lograr oportunismos baratos,
amistades convenientes,
opiniones tibias con las que nunca quedabas mal,
ni siquiera con un maldito pinochetista.
Qué vergüenza.
La imagen que proyectas es tan falsa
que ni la que te parió puede contigo.